Nos están llamando

No me puedo abstraer del ambiente electoral, ni por mucho que esté convencido que después de toda la lluvia de ofertas es posible que todo desemboque en una nueva frustración nacional.Después de publicar los artículos de O. Ugarte y J. Corral , junto con el sucinto informe de FEDAEPS acerca de las propuestas de los candidatos presidenciales frente al tema de las minorías sexuales , me llama la atención , más que los esfuerzos de las organizaciones por incluir el tema gay en las agendas políticas, el interés de parte de las agrupaciones políticas de ganarse la simpatía de una comunidad homosexual que aún luego de ya casi diez años de haber sido desalojada de la categoría de delincuentes, se mantiene dispersa entre la indiferencia, el temor y la desesperanza.

¿De donde viene ese interés? En tiempos de campaña, por un lado todo grupo sirve a la hora de sumar votos, y más aún si se trata de uno grupo del cual se dice fue factor importante en la elección de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del gobierno español, el mismo que fue acusado por la reciente fallecida Oriana Fallaci de haberse vendido a los intereses del colectivo gay de ese país con el fin de asegurarse la elección.

Claro que los gays españoles contaron con un Pedro Zerolo, secretario de movimientos sociales del partido de Zapatero, y concejal de Madrid, hombre clave en la presentación de los proyectos de reivindicación que se cristalizaron el año pasado y sobre todo del trabajo de hormiga que realizaron las organizaciones durante más de veinticinco años.

A lo que voy es que la coyuntura global nos está ayudando. No tenemos aún representación política, aunque tenemos voces que constantemente están manifestándose y dando la cara.

Nos están llamando sí, y para afirmar eso puedo citar algunos ejemplos como el que sucedió luego de la desafortunada declaración del asesor de Rafael Correa quién dijo que mandaría a poner una bomba en el festival del Orgullo gay en Guayaquil. Cuando la noticia salió en los medios, recibí la llamada de un conocido pidiendo mi asesoría en la respuesta que necesitaba darle a Viteri quien le había solicitado un pliego de peticiones de la comunidad gay, en una clara manifestación de un válido oportunismo político para sacar ventaja del exabrupto del asesor del movimiento del candidato Correa.

Otra anécdota me comenta el propietario de uno de los centros de diversión más concurrido de la capital a quien le fueron a golpear la puerta representantes de dos partidos políticos para hacer fiestas especiales en la misma discoteca gay con el fin de promocionar candidaturas.

Nos están llamando sí, es que somos un grupo tan diferente que por ejemplo no nos han visto hasta ahora salir en una organización clara como algunos grupos de minoría lo vienen haciendo y con una agenda clara. Y a nosotros nos están llamando. Y la pregunta cae por sí sola: ¿Estamos preparados? O estamos al menos preparándonos para lograr consenso y aparecer con propuestas acordes con nuestra realidad? ¿Qué le diríamos por ejemplo al candidato Damerval que muy sinceramente responde que lo que él espera es que vayan a decirle que es lo que quieren porque no conoce hasta ahora de primera mano lo que estamos reclamando? .

Es que parecemos a ratos conformarnos y hasta contentarnos con que los entrevistadores incluyan en sus preguntas difíciles como “¿Está de acuerdo con el matrimonio homosexual?”. ¿Quién les dijo que esa era nuestra necesidad más inmediata? Cuando otros derechos más básicos son conculcados, preguntas como estas sirven sólo para medir la capacidad del entrevistado en responder cuestiones polémicas y no para atender una necesidad real.

Pero lo importante es que sí se nos incluye en el debate. Si por lo que hacen las comunidades gay en otros países se nos empieza a tomar en cuenta, lo mínimo que podemos hacer es aprovechar la oportunidad y sacar partido, o en términos más políticos: “hacer lobby”, es decir influir en la toma de decisiones políticas de los líderes de este país aun cuando estemos convencido que el problema de nuestro país no es de leyes sino de conductas, de prejuicios, algo que ojalá  no tengamos que esperar veinticinco años para empezar a vencer.

~ por gayecuador en septiembre 27, 2006.

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