Testigos de la marcha

Guayaquil, sábado junio 28 del 2008, la tarde agoniza, un clima benigno nos acompaña mientras las luces comienzan a aparecer en lontananza anunciando una noche histórica para el movimiento GLBT de la ciudad. Un anochecer que se convertía en una especie de amanecer que le haga frente a tanto oscurantismo. Después de treinta años del mundialmente célebre orgullo gay, por fin lo teníamos en las calles de nuestra ciudad. Una expectativa enorme se dibujaba en las caras de los protagonistas y organizadores en medio del color y la corneta que empezaba a sonar.

Un aroma de nostalgia me atrapa por momentos aún cuando yo soy de la época post-despenalización: la policía y los vigilantes de tránsito nos rodean para garantizar la seguridad y el orden, paradoja notable para algunos de los transgéneros presentes que en alguna época se vieron perseguidos o torturados. Pero son otras épocas, la de mostrar las posturas en las calles como lo han hecho hace poco evangélicos y demás grupos fundamentalistas queriendo cerrar las puertas a nuestra legalidad. Faltábamos nosotros, con una ansiedad contenida durante ocho años por negativas constantes de la administración municipal, que esa tarde esperaba la hora para explotar, para llenar de color y ruido. Y esa hora se dio: 18H30, alrededor de la ciudadela universitaria.

El sí a la constitución pintado en camisetas de los marchantes encabezaba la marcha, seguido de los carros ornamentados con globos, flores, banderas, y la euforia. No hay miedo ni enfrentamiento. Palpo de cerca la reacción de los transeúntes que lejos de censurar aplauden, sonríen y hasta piden una fotografía.

A lo largo de la avenida Nicasio Safadi, frente a la Universidad reconozco a más de un compañero colado como anónimo espectador. Más adelante pequeños grupos de gays de toda edad se apostaban en el trayecto para presenciar y aplaudir el paso ruidoso que a las ocho de la noche cruzaba ya por el policentro y colapsaba el tráfico al pie del San Marino en su hora pico semanal. Y suenan los megáfonos aupando a los que ven desde las veredas : “sal del closet, no tengas miedo” mientras desde un auto  se entregan los últimos caramelos a quienes se acercan a saludar. La carroza de Vulcano, con Wagner Basilio ataviado de un llamativo traje blanco con enormes alas, y arrastrada con cadenas por hombres con el torso desnudo y pintado, copa la atención tanto como la de Queer, pequeña , pero festiva y colorida , seguida por el bus turístico de Guayaquil Visión desde cuya terraza gargantas eufóricas no cesaban de gritar.

Luego de dos horas, el desfile llegó al sitio del tercer festival. Veo a Oscar y Neptalí abrazarse conmovidos por una meta cumplida, un derecho largamente luchado. En los últimos pasos antes de llegar a la tarima, lágrimas afloran y el cielo de Kennedy Mall se puebla de luces y juegos pirotécnicos. Empezaba otra fiesta, se había hecho historia.

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~ por gayecuador en junio 29, 2008.

Una respuesta to “Testigos de la marcha”

  1. si como sabran estoy muy de acuerdo con lo que han hecho “sueños” en verdad poco pero simepre bueno Guayaquil que siempre esta “Perla” brillara en todo y en cualquier lugar muchos besitos a toda gente tan aniamda y emprenderdora que ha ´ños sigan espereo que siempre sea asi y que siempre la gente nos apoye en todo pero comosabemos nada es facil siempre es dificil pero nada imposible muchos saludos desde Palma de Mallorca Islas Balears y tambein de Francia Paris

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